lunes, 30 de junio de 2008
Caballito cáscara de huevo
Qué parecen, risas acumuladas, petazetas mortales, dinamita de un relinche mal montado, pero en un intento de ser ignorado por mi rostro exhausto y desfigurado de tanta mala vida, y si es que se le puede llamar vida.
La selva al lado de este montón es un perpetuo silencio bien restaurado, porque son un montón de criaturas con pensamientos del montón que viven dentro de una burbuja rosada, la burbuja siniestra que arranca dignidades ajenas, no te apetece saber más pero puta que te gusta gritar, la manada no entiende lo real, por lo tanto sigue siendo manada, animales hasta la mente, el cuerpo, las uñas con esmaltes caros y la marca del polerón que no es de la institución pegado en tu pecho o mas bien cocido en tu corazón, recalcando que te gusta lo cómodo, lo fácil, las revistas bulímicas que yo vomitaría al hojearlas, por eso las hojeo a la inversa, no me quiero convertir en un grito desenfrenado, cero pasión, cero verdad, cero fragilidad por las cosas esenciales, aunque sé que no transformare mi inteligencia porque le he agarrado cariño a estas neuronas locas, hambrientas de más elogios, problemas, crisis, catarsis.
Aún el ruido me molesta y eso que la manada dejo de gemir hace rato, años luz, pero el eco me carcome la cabeza y otra vez rebotan las vibras desgarradas, qué parecen ahí todas las bocinas llorando una encima de la otra lamentándose entre ellas, una orgía de corruptos ojos anonadados, será la pasta con la que fabrican esas revistas de las huecas con plata que no salvan a nadie, podrían meterse en un solarium de cactus y dejar de agujerear a mis compañeras que me dan pena aunque por fuera me cague de la risa y ellas sin tener idea que es por burla.
Ni deducción les queda a las pobres.
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