

Esas palabras fueron claves para cada movimiento y pensamiento que realizase desde ahí para adelante. Quizás nunca nadie se lo dijo, pero ella siempre lo supo, era tanto que sabía que aquel momento iba a llegar tarde o temprano, algo que hiciera cambiar su parecer. Casi siempre esperaba más de los que la rodeaban. La noche anterior soñó que todo se inundaba, que escapaba, que corría, que no podía y de alguna forma lo relacionó con el hecho sucedido después.
Y que tonta por dios!, no, no era eso. Esos malditos infelices no eran capaz de entender su inteligencia levemente superior. Mas que levemente, notablemente. Si había algo que le inquietaba era que no entendía porque a algunas personas no les gustaba como a otras, claro que siempre teniendo en cuenta que no a todos podía caérles bien. Trataba de explicarse, cuestionarse, con el fin de mejorar o cambiar aspectos que la podrían estar perjudicando. Podría ser la envidia, pues, eran mas las virtudes que los defectos.
Sin entender lo que pasaba, resumía todo en suspiros...
Harriet era una joven de 15 años, de sensible carácter, pero a la vez una muchacha sabia , inquieta y de inteligencia infinita que sólo unos pocos podían comprender. De cuerpo como niña, un poco delgada, sin muchos atributos, lo que engañaba facilmente su verdadero ser.
Tenía dos verdaderas amigas, y otras dos en proceso. Un grupo de conocidos que se hacían llamar amigos pero que sólo fastidiaban y aprovechaban tener gustos en común para dialogar y pasarla bien.
El problema era que tenía el ego muy alto, creía ser perfecta, aunque se equivocara en muchas cosas, pensaba que se trataba de algún plan. Ella estaba acá por alguna razón, no era capaz de sentirse normal o siendo común y corriente. ¿Qué era eso para Harriet? Jamás se le había pasado por su mente similar pensamiento, y ni por su corazón, semejante sentimiento.
Las cosas no resultaban como esperaba, los demás eran mediocres y estúpidos macabros interesados, pero a pesar de todo, Harriet los ayudaba, porque sentía pena de sus asquerosas vidas. Eso reconfortaba más su ego, pero de alguna forma, inevitablemente, debilitaba sus principios.
De vez en cuando necesitaba apoyo emocional, como un psicólogo necesita de los consejos de su madre. A pesar de amar a gente que valía la pena, jamás amó a alguien como a ella misma.
Esto hacía que su rededor no diera cuenta de lo que sucedía. La desesperación era su última arma, lo que trató de dejar lo más al final que pudo. Pues ella tenía planes para el futuro, su futuro. Quería conocer más, saber más, ser más.
Pero los pensamientos la saturaron. Al similar le pasó a Don Quijote de La Mancha. Increíble.
La locura la absorbió por completa y no quedó más...
Ponganle el final que quieran, el ego siempre termina acabando con todo.
Y que tonta por dios!, no, no era eso. Esos malditos infelices no eran capaz de entender su inteligencia levemente superior. Mas que levemente, notablemente. Si había algo que le inquietaba era que no entendía porque a algunas personas no les gustaba como a otras, claro que siempre teniendo en cuenta que no a todos podía caérles bien. Trataba de explicarse, cuestionarse, con el fin de mejorar o cambiar aspectos que la podrían estar perjudicando. Podría ser la envidia, pues, eran mas las virtudes que los defectos.
Sin entender lo que pasaba, resumía todo en suspiros...
Harriet era una joven de 15 años, de sensible carácter, pero a la vez una muchacha sabia , inquieta y de inteligencia infinita que sólo unos pocos podían comprender. De cuerpo como niña, un poco delgada, sin muchos atributos, lo que engañaba facilmente su verdadero ser.
Tenía dos verdaderas amigas, y otras dos en proceso. Un grupo de conocidos que se hacían llamar amigos pero que sólo fastidiaban y aprovechaban tener gustos en común para dialogar y pasarla bien.
El problema era que tenía el ego muy alto, creía ser perfecta, aunque se equivocara en muchas cosas, pensaba que se trataba de algún plan. Ella estaba acá por alguna razón, no era capaz de sentirse normal o siendo común y corriente. ¿Qué era eso para Harriet? Jamás se le había pasado por su mente similar pensamiento, y ni por su corazón, semejante sentimiento.
Las cosas no resultaban como esperaba, los demás eran mediocres y estúpidos macabros interesados, pero a pesar de todo, Harriet los ayudaba, porque sentía pena de sus asquerosas vidas. Eso reconfortaba más su ego, pero de alguna forma, inevitablemente, debilitaba sus principios.
De vez en cuando necesitaba apoyo emocional, como un psicólogo necesita de los consejos de su madre. A pesar de amar a gente que valía la pena, jamás amó a alguien como a ella misma.
Esto hacía que su rededor no diera cuenta de lo que sucedía. La desesperación era su última arma, lo que trató de dejar lo más al final que pudo. Pues ella tenía planes para el futuro, su futuro. Quería conocer más, saber más, ser más.
Pero los pensamientos la saturaron. Al similar le pasó a Don Quijote de La Mancha. Increíble.
La locura la absorbió por completa y no quedó más...
Ponganle el final que quieran, el ego siempre termina acabando con todo.

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